domingo, 10 de abril de 2011

Los espectros de la Mariana



Los espectros de Mariana le pegaban cada noche en la ventana, sulfuraban como demonios a través de sus persianas.
les contaré de Mariana, Mariana era una mujer muy asustada, solía aferrarse a todo aquello que tomaba, el lápiz labial, la guitarra, las cenizas de su hermana,
Mariana vivía sola en un antiguo departamento, solía mirarse horas mientras se peinaba frente al espejo, a ratos oía voces, voces que le hacían cariño, a ratos se tumbaba de cara al suelo para sentir el calor del piso vecino,
Mariana estuvo casada, un par de años, dejo al tipo cuando este la golpeó por primera vez,
siempre fue sumisa, de risa tierna, de mirar mucho el suelo,
siempre condescendiente, siempre altruista, siempre de predicar mucho la lealtad y los buenos valores
se llamaba Jorge, Jorge y un día le pegó en el labio, Mariana sangró, era sensible a la sangre,
luego vino un golpe justo en la espalda y cayó de bruces, no contaré detalles,
solo sé que llego al hospital con su madre,
cuando se vio en un espejo de mano y las heridas habían sanado, con pierna firme se dirigió a un viejo centro comercial, dentro de la galería en un aula fría un desperfilado abogado la esperaba para los trámites de divorcio, no hubo mutuo acuerdo, por supuesto, Jorge dijo que fue un accidente, que se llevó por la furia, por los celos, yo creo que esos hombres siempre buscan como justificar sus hirientes reacciones, piden perdón una vez y con eso Mariana debía olvidar las heridas que ya eran tan graves que le atravesaron de la piel directo al alma, al alma sumisa.
Firmó lo habido y por haber y entonces un día se vio soltera, la vida se caía, su hermana moría, su madre envejecía y la Sofía, esa vieja amiga la dejó y se fue por las lejanías, ella tenía todo lo que Mariana quería, todo menos la sensación de conformismo.
Mariana salió con el abogado, se notaba que era un tipo avaro, de esos que no se calientan con tus juegos sexuales, de esos que fuman mientras haces el ridículo de tu vida sobre sus piernas, de esos que no te compran chocolates y se follan a la vecina de 17 tres minutos antes de verte,
Mariana lo amó 7 años, sin pedir nada a cambio ella entregó su vida,
día tras días se levantaba muy temprano y se dirigía a sus dos trabajos, en uno hacía aseo y servía comida a los señores de la construcción y en otro hacía de recepcionista de hotel.
¿Qué quieren que les diga? Mariana no era una mujer fea, tenía buen cuerpo, bonitos ojos, semblante de treinteañera y aunque nadie me crea, la tipa rondaba los cincuenta, se vestía bien, modulaba bonito, tenía ese timbre dulce de las sometidas, un perfume atrayente, Mariana era todo lo que buscaba la gente, toda la gente menos ella misma.
Un día resulta que Esteban, el abogado de cuarta, que va por la tercera esposa la dejó, lógicamente por una de veinte y entonces pasaron tres años, tres años de rutina para Mariana, tres años donde se para tras el trabajo en la oficina, frente a la oficina del Esteban, él no la mira, él sigue de largo, toma a su mina del brazo y se pasea cantando, ella cae internamente al suelo y se para, llora un rato y vuelve a la construcción, luego ve ropa, compra algo con su inagotable sueldo y vuelve a casa, a su rincón, se mira en el espejo, oye los ruidos del suelo, se peina y besa las cenizas, luego duerme, luego despierta, luego hace lo mismo, luego se maquilla, luego me pilla en una tienda, luego escucho su historia mientras me pruebo la ropa, luego le digo despacio "solo una mujer amaría así" mientras me pongo bien seria, mientras miro el suelo, luego la que vende ropa se ríe, se ríe de su historia, luego le pregunto ¿qué quieres Mariana? ¿qué deseas para tu vida? y se tupe, tiembla, mira el suelo y dice "lo quise porque era abogado", luego la tipa de la tienda se ríe, luego le repito aún más seria la pregunta, luego responde "tengo que dejarlo", luego le digo que si, que nunca es tarde, me dice que no tiene amigas, que siempre está sola, que trabaja todo el día, le doy la dirección de un café, le escribo el nombre de unas conocidas, le beso la mejilla y corro, corro y llego a la esquina, la historia me perforó el alma, vi un posible futuro mío en ella.
¿Soy una Mariana que recién salió de la escuela?
Quizás todo el mundo lo sea, en cierta medida, todos caen un día.

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